sábado, 17 de marzo de 2018

Querido Mr. Jones

Querido Mr. Jones,
el mundo ha seguido girando
y eso prueba tu existencia.
Los puñados de sensibilidad
en que me hiciste hundir las uñas
se fertilizan a diario
con la dicción precisa
de ángeles hippies al piano
e ilusiones libres de arnés.

Querido Mr. Jones,
en ocasiones he creído verte
en miradas castañas y americanas salidas del tinte
y después he tenido que parpadear
porque se me irritaba el ojo izquierdo
a causa del propileno,
reflectante como el trayecto de Londres
hacia el lecho de Peter Pan.

Querido Mr. Jones, 
estabas allí sentado en un café de Malá Strana,
sonriéndole a Lennon
-o a los pedazos de él que elegimos exhalar-
y desafiando al tiempo y a la razón:
semidiós por victoria,
¿los derechos son todos de alquiler?

Querido Mr. Jones,
te vi en San Valentín
junto a la estación de este tren que ya no funciona
y me quedé mirando, absorta, 
cómo se te guiñaban las pestañas
al pasar la camarera más guapa de Lugo
y la forma en que tus nudillos
acariciaban la vida sin tropezar;
los arañazos son voluntarios
y tú vives en la hierba
y cruzas las piernas bajo ese hilo de humo
que previene de la llegada de la locomotora
procedente de algún siglo pasado.

Querido Mr. Jones, 
hace dos años que no me lavo las manos
porque, habiéndolas colado entre tus omóplatos
y en el mismo hueco de la clavícula,
sólo este aliento amarillo dentro de mis uñas
proyecta la fantasía de un mundo
que sigue girando.

domingo, 15 de octubre de 2017

Agosto sangriento

Agosto nos secó las venas,
sucia sanguijuela
que se emborracha de nuestra savia,
obsceno cirujano
que me extirpa el agua y la raíz.

Llegó con su luz incandescente
y nos quemó la brisa,
nos ahogó el aire y la sal,
selló nuestras grutas subterráneas.

Agosto llegó, sangriento,
con ropa sucia en las manos,
y nos incendió el alma y sorbió nuestros sesos,
obsceno cirujano
que nos arranca al feto de los brazos.

Nos secó las lágrimas con su luz insoportable
y enraizó en nuestra tierra,
violó nuestros bosques y laderas
y selló nuestros ojos calcinados.

Y cruje, y cruje, y cruje...

Sangrienta sanguijuela.

sábado, 14 de octubre de 2017

Afrodita

Descubro mi propio rostro en la altivez con que esas olas indomables arrancan a las rocas del Egeo quejidos como bofetadas. Solías sentarte en la arena y transformar en versos esos sonidos que ahora se me antojan mordaces; te creía cuando deducías inocencia en la belleza fría de sus besos salinos.
Me arranco pellejos de debajo de las uñas mientras me veo en cada azote. Cierro los ojos y escucho mis propios besos en los latigazos del mar. Te fuiste y me gustaría decir que el luto al que me he forzado tiene que ver contigo, pero es meramente egoísta. No lamento que no hayas tenido más tiempo, sino que yo no lo haya hecho. Noto tu ausencia en la forma en que mi ego tiene hambre, en mis muñecas que ya no sujetas para obligarme a darme libre y sin control.
Mi amor se estrelló en ti, mi amor propio se estrelló en ti y me hizo pensar en una capacidad de entrega a la que no podía llegar. Te lloro en esta misma playa y sé que me lloro porque no es a ti a quien echo de menos, sino a mí: la voz, la algarabía, el vigor cuando te escuchaba leer poesía vieja y hacer de ella algo recién parido.
No me rompo porque no era más que el eco de un ego insaciable, de un deseo tan hedonista que no entiende de deseos ajenos, de tu deseo. No me rompo porque tú fuiste el impulso, pero nunca la finalidad.
No me rompo como esas olas indomables lo hacen contra las rocas de Mitilene porque recordaré tus pechos, y tu pluma siempre entintada, y el calor de mi propio útero; pero nunca con la veneración ciega de la amante deshecha por otra piel, sino con la altivez de quien no se deshace por nadie.

Y los quejidos de las rocas, bofetadas de agua salada, se parecen al sonido de mis besos cuando a quien besaba, más allá de tu piel, era a mí.

domingo, 20 de agosto de 2017

Sin-Cara

Mi conocimiento de tu cuerpo
es meramente gramatical

y tus nociones sobre mi alma
son acordes malinterpretados.

Nos observamos a través de lunas tintadas
y nos arrancamos la piel con guantes de goma.

Soy carnicera de tu cuerpo
del que veo sólo ecos,

me laminas el alma
de la que apenas oyes sombras.

En la Multitud, nada nos identifica,
nada me hace diferenciarte del resto,
nada te lleva a señalarme.

En la Soledad, somos un espejo:
veo en tu alma mis carencias,

ves en mi cuerpo tu ausencia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Odd

La poesía renace en la noche,
cuando los fantasmas alzan la voz.

La poesía germina en el desierto
y se enzarza en lasciva pelea con la nieve.

La poesía es una noche larga
y nieve sobre Belfast.

La poesía es un hombre muerto
y rima enmohecida.

La poesía baila las copas de más
y escribe su nombre en el agua,
tiene cabellos rojos y mirada de atardecer.

La poesía besa la náusea
y deja pisadas irregulares,
blande gritos mortales y se atraganta en ellos.

La poesía renace del útero estéril
y se alimenta de vísceras palpitantes.

La poesía es una mañana acuosa
y el luto de Fanny Brawne.

lunes, 22 de mayo de 2017

El pantano

No existen los puntos y aparte.

No hay finales.

Hay batallas
que estamos condenados
a luchar toda la vida.

Hay llantos
que se prolongan
mientras nos resta aliento.

No existen las nuevas oportunidades.

No hay borrón y cuenta nueva.

Hay amores
que estamos empujados
a alimentar toda la muerte.

Hay sueños
que se anhelan
mientras nos resta llanto.

Deseamos a ciegas
y besamos a escondidas;
soñamos sin red,
pero avanzamos pisando el freno.

No existen los puntos y aparte.

No hay comienzos.

Hay rivales
que estamos destinados
a llevarnos a la tumba.

Hay voces 
que, aun íntimas y propias y nuestras,
elegimos acallar y someter.

No existen las nuevas oportunidades.

No hay finales.

miércoles, 15 de marzo de 2017

V

Quiéreme como si fueras a morir,
como si fuese un último aliento,
las últimas gotas del manantial.

Quiéreme como al arco iris,
como al oasis y al espejismo
y al hada que existe sólo en tu imaginación.

Quiéreme como al horizonte,
como a las nanas infantiles
y al recuerdo de aquellas manos llenas de arena.

Quiéreme como a la luz,
como al aire,
como si fueras a morir.

Como a la mejor carcajada,
como a la nieve,
como a las cuerdas de una guitarra.

Quiéreme como al sol,
como a la luna,
como a la voz que te ayuda a dejar de llorar.

Quiéreme como si fuese un último aliento,
como al silencio,
como a la paz.

Quiéreme como no quieren las personas,
sin cadenas,
sin temores.

Quiéreme como si te arrancases la piel,
como si estorbaran los cuerpos,
como si no existiese el tiempo.

Quiéreme como a la luna,
como al sol,
como a la luz en medio de la oscuridad.

Quiéreme sin días
y sin noches,

sin rostro
ni identidad.


Como no quieren las personas.